Aunque no seamos del todo conscientes, estamos en un momento de cambio social y económico en el que situaciones nuevas acabarán por imponer nuevas lógicas de uso del espacio urbano. Si las respuestas urbanística y arquitectónica siguen fundándose en “lo ya sabido”, en las rutinas conocidas, es posible que nuestra inversión en capital fijo, en esa infraestructura que denominamos ciudad, envejezca antes de haberse aprovechado con intensidad. Algunos estamos convencidos de que la clave urbanística del futuro es el reciclado urbano, es decir el rehacer la ciudad que ya existe, mejorarala. El perfil rehabilitador del futuro no tiene nada de conservacionista, la rehabilitación va a exigir mucha intervención, pero una intervención mucho más compleja: más costosa en tiempo y dinero, costosa en gestión, costosa en ideas y en trabajo social. Rehacer la ciudad es más dificil que hacer barrios en la periferia. El Renacimiento fue ejemplar, cuando la arquitectura supo ofrecer una respuesta precisa a un coyuntura específia: rehacer, mejorar, sanear, engrandecer la ciudad medieval. La ciudad del Renacimiento tiene lugar encima de la ciudad prexistente, sabe interpretar las nuevas necesidades y es posterior al boom demográfico. Hay crecimiento urbano, pero el gran crecimiento es anterior. Leer más »
¿Aburrirse en la ciudad u otra manera de descansar? A lo largo del pasado siglo y en paralelo a la construcción de una sociedad urbana, mejor, urbanizada, se ha universalizado la singular tendencia de “escapar” de la ciudad como manera de ocio, incluso a veces, yendo a otra ciudad. El mito del campo y de la vida retirada, el afán por ir al mar o por escalar montañas, la ilusión por adentrase en senderos que nos acercan a paisajes nuevos… son permanentes. Lejos del mundanal ruido se recompone la propia identidad con retazos de cultura y afanes gastronómicos. Un buen vino recompensa un largo viaje y la vista amplia y serena de un paraje remoto merece el esfuerzo de unas cuantas horas de carretera. Sin embargo la mayor parte de nuestro ocio tiene lugar en la ciudad y es compatible con lo anterior, aunque exija menos esfuerzo. Ir al cine o a cenar, salir a tomar unas copas o de pinchos, son actividades urbanas de primer orden. Y no tengo en cuenta el “chiquiteo”, es decir el micro-ocio de final de la mañana o de la tarde, haya o no haya cuadrilla -un gusto gregario muy norteño-, como una rutina diaria que nos hace parecer más “ociosos” de lo que somos. Todo ello se traduce en una sistemática espacialidad, en lugares urbanos singulares que acogen estas funciones y sin los que es imposible comprender la ciudad. Leer más »


