Categorías: Ideas
Juan Luis de las Rivas Sanz

La ciudad de Valladolid y su entorno cuentan con un paisaje mucho más valioso de lo que se percibe a primera vista, un paisaje dócil y ameno marcado por la intervención del hombre a lo largo del tiempo. No sólo la costa o la montaña ofrecen argumentos a los “amantes del paisaje”. Valladolid se localiza en una “tierra de aguas”, un amplio lugar configurado por tres ríos (el Pisuerga, el Esgueva y el Duero) y por dos canales (el de Castilla y el del Duero), donde la agricultura ha matizado el paisaje. Un paisaje por lo tanto de vegas y de campiñas, entre páramos, con un importante arbolado en los bosques de galería y en los pinares, con espacios urbanizados de modo irregular, entre acequias y canales que organizan los campos al servicio de una agricultura hoy en retirada. Pero todo esta cambiando,  muchas voces destacan el papel ecológico de la agricultura periurbana, el  paisaje ya no es sólo un “complemento”  sino un valor  estratégico, imprescindible tanto para mantener la  biodiversidad de nuestro entorno como para garantizar calidad de vida. Podemos reinterpretar la calidad del paisaje vallisoletano, las variaciones de su enclave desde los cortados de Cabezón al valle del Esgueva, desde las estribaciones de los montes Torozos a la amplia campiña pinariega que forma el Duero y que nos acerca a la valiosa ribera vitivinícola, las desembocaduras del Adaja y del Cega… son argumentos para un paisaje leído como activo territorial que ha de ser salvaguardado antes que explotado. Leer más »

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Juan Luis de las Rivas Sanz

¿Aburrirse en la ciudad u otra manera de descansar? A lo largo del pasado siglo y en paralelo a la construcción de una sociedad urbana, mejor, urbanizada, se ha universalizado la singular tendencia de “escapar” de la ciudad como manera de ocio, incluso a veces, yendo a otra ciudad. El mito del campo y de la vida retirada, el afán por ir al mar o por escalar montañas, la ilusión por adentrase en senderos que nos acercan a paisajes nuevos… son permanentes. Lejos del mundanal ruido se recompone la propia identidad con retazos de cultura y afanes gastronómicos. Un buen vino recompensa un largo viaje y la vista amplia y serena de un paraje remoto merece el esfuerzo de unas cuantas horas de carretera. Sin embargo la mayor parte de nuestro ocio tiene lugar en la ciudad y es compatible con lo anterior, aunque exija menos esfuerzo. Ir al cine o a cenar, salir a tomar unas copas o de pinchos, son actividades urbanas de primer orden. Y no tengo en cuenta el “chiquiteo”, es decir el micro-ocio de final de la mañana o de la tarde, haya o no haya cuadrilla -un gusto gregario muy norteño-, como una rutina diaria que nos hace parecer más “ociosos” de lo que somos. Todo ello se traduce en una sistemática espacialidad, en lugares urbanos singulares que acogen estas funciones y sin los que es imposible comprender la ciudad. Leer más »